15 octubre 2008 Comedia, Críticas

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Reconozco que me enfrento a la crítica de esta película partiendo de la premisa de mi absoluta falta de empatía hacia el universo Coen.

La presentación inicial de John Malkovich está acompañada de una cámara juguetona que me agradó, los diálogos de esta primera escena son atropellados, pero suficientemente descriptivos de la situación.

Malkovich es un excepcional actor, pero hay que reconocer que siempre ha bordeado, (sin cruzarlo), el peligroso camino de la sobreactuación y el desfile inicial de muecas me puso a la defensiva.


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El personaje de Clooney se define sin abrir ni siquiera la boca; un gañán de mucho cuidado.

Ya desde el primer momento me he dado cuenta de que los directores no tienen demasiada intención de contar una historia de corte clásico; bueno, en realidad acabé con la duda de si realmente querían narrar algo en concreto.

Asistimos a un confuso desfile de pequeñas píldoras argumentales envueltas en un bien estudiado caos; con una minipausa, que se agradece, para exponer el que parece ser el nudo gordiano del film: unas memorias escritas por un vengativo agente expulsado de la CIA a causa de la bebida.

A los diez minutos ya tenía la sensación de que me había perdido algo; esta película solo me ha servido para afianzarme en la idea de que no entiendo el microcosmos narrativo de los hermanos Coen.

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Me alegré al aparecer en pantalla Frances McDormand, presentada en un largo plano subjetivo realmente original; y debido al demasiado descriptivo trailer no me sorprendió la, esmeradamente estudiada, jovialidad de Brad Pitt.

Enseguida empiezo a lamentar el hecho de que no me interesa la deriva argumental del personaje de McDormand, sensación que pronto iré aplicando al resto del elenco.

No ha pasado ni media hora y ya me he cansado de tanto salto narrativo, por muy ajustado que esté al guión; la película tarda demasiado en romper y cuando lo hace no lo consigue del todo y, lo que es peor, no ha logrado todavía arrancarme ni un esbozo de sonrisa; bien al contrario, estaba siendo victima de las intenciones misántropas de los cohen.

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Llegué a echar de menos un pequeño impulso dramático que me pusiera de parte de cualquier personaje; pero constantemente me encontraba con improntas de un buen guión, que en realidad me importaban muy poco.

Cuando por fin Pitt y McDormand trazan un plan medianamente lógico no estás seguro de que le vaya a interesar ni siquiera a John Malkovich, el propio afectado; y mucho menos del papel que tomará Clonney en el devenir de los hechos.

Esto solo puede ser debido a la aliteración desmadejada de escenas sin sentido.

Hay en concreto un encuentro entre Clonney y McDormand que me hizo preguntarme si se le había perdido algún rollo de celuloide al proyeccionista.

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Si hay algo que reconocerles a los Coen es que es difícil encontrar referentes cinematográficos a sus originales obras; quizá este sea el único motivo por el que aun mantenía la esperanza de que antes del desenlace iban a conseguir sorprenderme.

Reconozco que cuando, cerca del final, los directores hacen un pequeño esfuerzo por clarificar la trama de espionaje que sustenta indirectamente la historia, ya estaba tan imbuido en la confusión que imponer la lógica a esas alturas me parecía antinatural.

Definitivamente creo que el guión solo funciona si la mente lo interpreta dentro de los parámetros del surrealismo.

En resumen, solo puedo recordar haber asistido a la plasmación en imágenes de un embrollo monumental, sazonado por algunos, (contados), momentos francamente divertidos.

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