28 julio 2017 Acción, Ciencia-Ficción, Críticas

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Ha costado, pero ya la tenemos aquí. Una de las películas del Universo Cinemático Marvel que más se ha hecho esperar y que ha tardado veinte días en llegar a nuestras pantallas. Teníamos mucho hype sobre esta película y una vez vista, he de confesar que estaba plenamente justificado. John Watts ha acertado al enfocar la película fuera del manido origen y ha sabido manejar a la perfección la herencia que dejaron los hermanos Russo en Civil War. Una película que se puede considerar mucho más fiel al personaje mucho más que cualquiera otra de las que hemos visto estos últimos años (y no han sido pocas).

Al conocedor del personaje le choca el personaje de la Tía May (sí, va en mayúsculas), interpretada una vez más por Marisa Tomei, pero el carácter del personaje se acerca a la nueva personalidad del héroe y a los tiempos que nos toca vivir. Superado este problema, nos queda el Flash Thompson que ni es un tocanarices como el original ni es rubio con ojos azules. Pues vale. Tampoco hay problemas.

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El interés romántico de Peter Parker es afroamericana (¿se dice así?) y esto tampoco entorpece a la narración. Y ahí es donde radica la importancia de la planificación del Universo Marvel en el cine. Todo es lo mismo, pero sin serlo. A partir de ahí, la relación de Peter con Tony Stark no chirría en ningún momento. Y pese a todas estas infracciones al cánon, oye, funciona. Este es Spider-Man. O, por lo menos, ese Spider-Man de los primeros años, un chaval de quince años que no para de meter la pata, que se hace de menos ante los demás, el eterno sufridor del “síndrome Parker”.

Seguimos con las cosas que podrían entorpecer la imagen de nuestro amigo y vecino Spider-Man. El traje. El dichoso traje cedido por Iron Man. No voy a contar mucho sobre él, pero se ha arreglado algo que siempre nos ha parecido algo extraño. ¿Còmo se las apañó un manazas como Peter Parker para crear el que es, posiblemente, el mejor traje de superhéroes de todos los tiempos? No lo hizo. Lo hizo Tony Stark por él, salvándole de un estilismo atroz.

Vale que no es el Spider-Man que conoció tu padre. Ni tú, claro. Pero es el Spider-Man que ha llegado a nuestro tiempo y el que será protagonista de las películas que veremos en el cine. Y pese a todo… es el Spider-Man que conocemos. Quizá su entorno no sea el mismo por el que se movía en los cómics, pero él si lo es.

Ah, que quieres que hablemos de la película. Vale, vamos allá. Interesante, adictiva, con mucha acción y muchas escenas divertidas. Con cosas que no sabes muy bien cómo y por qué pasan, pero que te da igual, porque te lo pasas bien. Con esa manía de los actores de cierto renombre a quitarse la máscara para que se vea claramente que son ellos, pero que también nos da igual.

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Con muchas escenas que hacen que los aficionados que de verdad conocen a Spider-Man saben situar en su contexto justo (no, la del callejón no sale) e incluso se toman la libertad de reirse de las películas anteriores (sí, de ESA escena). Y de series de la competencia, también, por cierto. No se nombra al tío Ben y no se pronuncia la manida frase, aunque está ahí presente en todo momento.

Y frente a él, un personaje interpretado por un Michael Keaton que da más miedo que Batman. Hay que ponerle un pero al Buitre, aunque no lo haré porque no quiero estropear la sorpresa, pero estoy convencido que, como buen conocedor del personaje, lo pillarás enseguida.

Una película de Marvel que tiene como eje central a Los Vengadores y que nos da alguna píldora para la próxima reunión Vengadora y que cuenta con dos escenas postcréditos. Una marca un posible camino para la historia del lanzarredes y la otra… Bueno, la otra ha sido creada exclusivamente para los auténticos Marvel Zombies de las películas. No se os ocurra levantaros antes del final.

¿Debéis ir a verla? No esperéis fuegos artificiales (o quizá sea eso lo que más abunde), pero divertidos, estaréis un buen rato.

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