26 septiembre 2016 Críticas, Thriller

Suburra

Italia es uno de los países más corruptos de Europa. Según el Barómetro Global de Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, el 70% de la población italiana opina que su Gobierno favorece a grupos de interés (empresariales, financieros, etc.) frente al interés general de la población. Al tiempo los partidos políticos son vistos como las instituciones más corruptas, seguidos del Parlamento y de los funcionarios.

El cine del país vecino ha retratado los provechosos entresijos de la mafia, la veleidosa y mercadeada voluntad de los legisladores o la perenne violencia callejera con ahínco y acierto. Stefano Sollima colaboró a la causa de denuncia cinematográfica con sus series Roma criminal y Gomorra, ambas adaptaciones de novelas. Ahora el realizador suma otro tanto con la película Suburra, adaptación literaria de la obra de Carlo Bonini y Giancarlo de Cataldo que retrata la verdad detrás de los porcentajes.

Suburra Pierfrancesco Favino

El thriller repasa la solvente relación entre políticos, capos mafiosos, bandas organizadas e incluso pro-hombres de la Iglesia Católica. Todos ellos quedan envueltos en intrigas con billetes y balas como moneda común de pago, en que las drogas, la prostitución, el secuestro, la extorsión, el blanqueo de capitales y el asesinato comen a la misma mesa.

Un parlamentario interpretado con constricción por Pierfrancesco Favino debe lograr que la Cámara apruebe un proyecto urbanístico que entregará pingües beneficios a la mafia bajo la supervisión del imponente personaje de Claudio Amendola. Mientras, el inquietante doble de Alessandro Borghi y el peligroso y visceral Adamo Dionisi iniciarán una guerra entre facciones delictivas violentas que pondrá en riesgo el éxito de la operación urbanística.

En Suburra el elenco de actores carga con la responsabilidad de tornar creíble una trama tan habitual como alejada al ojo del espectador fuera de la sala de cine. Y el reparto de fuerte peso masculino -reflejo de la sociedad italiana; Greta Scarano y Giulia Elettra Gorietti acertadas en sus polos- logra su propósito. Destacaría la labor de los contendientes Borghi y Dionisi, entregados a la causa estética criminal.

Suburra

El metraje comienza diáfano y algo confuso por momentos hasta que centramos los personajes en su rol y su entorno. Entonces despega el aparato, la película crece en intensidad a cada nuevo salto ideado por Sollima y el guionista Petraglia. El cerco político y delictivo se estrecha, se insufla intriga hacia un final con escasa capacidad de sorpresa pero adecuado al conjunto pese a ello.

Los altibajos que sufre Suburra en su recorrido coral se estabilizan cuando las tramas diversas convergen en una sola, se asienta el cuadro y contemplamos la obra desde lejos. Destaca una fotografía mimada y con tino, capaz de incitar a la inmersión del sujeto pasivo.

Por el contrario la banda sonora, propuesta en su mayor parte por el grupo francés de dream pop, electrónica y synthpop M83, chirría en ocasiones. Quizá los creadores de temas como el afamado Midnight city o Wait no fuesen los adecuados para poner sonido a una Roma bulliciosa, turbia y cambiante.

Suburra

En conjunto Suburra supone una cinta interesante sobre los lazos perniciosos y traslúcidos que unen capas muy diversas del complejo sistema corrupto de las instituciones públicas y privadas de la Italia actual. Pese a algunos desaciertos de guión, el espectador podrá reconocer prácticas habituales en la política y los bajos fondos del país vecino.

El ejercicio correcto de Stefano Sollima en Suburra destaca por cierta pericia narrativa, un cierto atractivo visual y unos personajes vívidos. Oh, y por si os lo estabais preguntando, en el barómetro realizado por Transparencia Internacional que abre esta crítica España no anda demasiado alejada de la posición de Italia. Quién lo hubiese dicho.

También te puede interesar

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *