18 octubre 2009 Biográfico, Críticas

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Con el merecido crédito ganado por el guionista Peter Morgan durante los últimos años, cualquiera de sus estrenos es razón de jolgorio para los amantes del cine y la historia reciente en la que han ido a recaer sus proyectos más famosos. Como Aaron Sorkin, Morgan se ha convertido en un inteligente narrador de relatos enfocados desde las bambalinas de lo meramente mediático, ya sea en el campo de la política americana (Frost/Nixon: El Desafío), la monarquía inglesa (The Queen) o, en este The Damned United que nos ocupa, el deporte rey que compartimos las islas británicas y nuestra península. Una mirada desde el banquillo y los vestuarios de un entrenador que es destrozado (y destronado) por culpa del orgullo en lo más alto de su carrera.

Asequible tanto para los amantes del fútbol como para los que no, el film se acerca a la vida profesional de un rostro muy popular en Inglaterra, el de Brian Clough, polémico entrenador que después de empujar a un equipo segundón hasta lo más alto no pudo con el peso de uno de los grandes, el Leeds United. Dentro de esta temática deportiva, el cine estadounidense probablemente hubiera convertido este relato, eligiendo fragmentos diferentes de su vida, en una historia de superación personal y el triunfo de los sueños (lo que habitúan a ser las repetitivas películas sobre deportes que vienen del otro lado del charco), pero en manos de los ingleses la trama toma un giro mucho más interesante, el del fracaso (tema recurrente y aprovechable en su filmografía) y la codicia del triunfador.

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El rápido ritmo del film y su preferencia por los caracteres construyen una película sobresaliente que no se para a pensar en el juego sino en todo lo humano que le rodea, lo complicado de la amistad en los negocios, el orgullo y la ambición del rápidamente catapultado. Razón por la que atraerá también a los que no disfrutan tanto con la poderosa industria millonaria del balón-pie. Los diversos y reales giros ayuda mucho a que la tarea de enganchar a la audiencia sea menos laboriosa; pero claro las películas de deportes no nos acostumbran a dar trabajos memorables, y ni siquiera recordables, por lo que esto es todo un avance. Gracias, sobre todo, a su diferente perspectiva (crítica y cínica) y un guión bien escrito que no se para a contemplar las tediosas recreaciones de partidos que cualquiera puede rememorar con antiguos VHSs.

Aunque el fútbol sea necesario para conocer la historia, es simplemente el desencadenate y entorno para adentrarse y emocionarse con la vida y evolución de este magnífico personaje que nos enseña a través de dos momentos clave en su carrera los altibajos personales y profesionales de la figura del entrenador. Esa profesión que lleva hasta la cima a muchos solo para verlos caer en cuestión de seis derrotas; ese trabajo que pese a ser el punto de conexión más importante para los jugadores, la prensa e incluso los espectadores, es también el más sustituible según las reglas del fútbol actual.

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El que no es nada desechable es el siempre esplendido Michael Sheen que con un nuevo acento británico (y van…) consigue transmitir toda la ruleta de sentimientos a través de su personaje principal. Todo un actorazo que arrebata cada escena en la que aparece (y aparece en todas) y se convierte en piedra angular. Caras muy conocidas de Reino Unido como Colm Meaney, Timothy Spall (destacable sorpresa de un actor relegado con asiduidad a papeles de “extraño”), Jim Broadbent o Stephen Graham hacen su trabajo a la perfección, pero quedan buscadamente relegados a una segunda posición por un Sheen que sigue demostrando que merece mucha más atención en el mundo del cine (y no solo aterrizar en el reparto de sagas taquilleras como Crepúsculo y Underworld o blockbuster wanabe como Tron: Legacy). Su relación con Morgan siempre trae alegrías, y ambos aportan a esta última los elementos clave por los que ya son conocidos, a los que ahora se une el director Tom Hooper quien ya había demostrado notables destellos en televisión, con obras recomendables como John Adams, donde enseñaba su excelente sobriedad y seriedad en el dramatismo más profundo y los mejores discursos. Juntos convierten unos días de fin de semana en un profundo estudio de personajes, y en una descripción de la cambiante (y justificada) personalidad de este Brian Clough.

Seguramente las películas sobre deportes en general no mejorarán gracias a ésta, pero es un notable avance dentro de esta especie de sub-género. Mi teoría final es que Morgan puede sacar provecho a cualquier evento sea del campo que sea, aún cuando muchas veces no tenga provecho alguno. Sabe cortar las partes necesarias del relato sin aburrir, y el resto escribirlo en unos párrafos previo a los créditos. Si supo sacarle jugo a menos de una semana en la muerte de Lady Di ¿qué no puede hacer? Decididamente, el crédito que se le otorga no le viene de la nada.

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