20 enero 2009 Comedia, Críticas, Opinión, Posters, Remake

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Hace unos días estaba con ganas de ver una película, pero no me apetecía nada de lo más sonado que hubiese en la cartelera. Después de estar unos días viendo películas por televisión necesitaba sentarme en una butaca y disfrutar de una buena imagen panorámica y un sonido envolvente. Pero lo que había en cartelera no me llamaba la atención, o ya lo había visto, o simplemente llegaba tarde a la sesión, así que las alternativas eran muy reducidas. Mis opciones se limitaban entre Resistencia de Edward Zwick o Una familia con clase de Stephan Elliott.

Quiero entonces comentaros la grata sorpresa que me lleve al ver esta pequeña película, una comedia de las que hoy no se hacen, con un ingenioso humor y que escondía una magnífica sátira sobre la burguesía inglesa. Cuando llegué a casa después de la hora y media tan entretenida, entré en algunas páginas y descubrí primero que era un remake de Easy Virtue (Vida alegre) de Alfred Hitchcock, grata sorpresa, aunque era de esperar que una sátira tan bien compuesta fuera fruto de algunos guionistas actuales. La segunda de mis sorpresas es que el director era desconocido, a priori, para mí. Después de comprobar su ficha descubrí que era el director de otra buena comedia del 93, Las aventuras de Priscilla, reina del desierto y de una infravalorada Ojos que te acechan, donde construye una buena trama en torno a una mujer asesina de hombres y su voyeur investigador.

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Ya viendo la película me sorprendió la notable actuación de Colin Firth como hombre pesimista y aburrido por la vida que lleva junto a una mujer que no soporta, y que le obligo a volver tras la guerra a su pueblo natal para guardar las apariencias con la alta sociedad. El actor no ha sido nunca de mi lista de favoritos, por sus interpretaciones vacías de contenido y falto de registros más que evidentes. Pero en una familia con clase, el papel le va como anillo al dedo, irónico y observador, culto y siempre con una frase sutil que aportar, aunque claramente coartado por su manipuladora mujer. Su mujer, otra de las claves donde radica el interés de la comedia. La fantástica Kristin Scott Thomas logra una estupenda recreación de la madre manipuladora y protectora de todos sus hijos, más aún cuando se trata de su único hijo que se ha casado con una norteamericana que tiene fama de mujer demasiado liberal. Los matices que la actriz dota al personaje son muchos, incluso cuando se ve reflejada en una bola de billar, su cara despierta la sensación de estar tramando algo para acabar con su competidora, en este caso Jessica Biel que si bien su actuación es correcta, su belleza en el film rompe la barrera de lo normal y logra encandilar hasta el último de los personajes con los que interactua. En cuanto a los demás actores estén en una linea más cometida, no son destacables ni la actuación de las hijas de Thomas ni la del hijo, interpretado por un insípido Ben Barnes. Destaca el personaje del mayordomo frustrado por trabajar en esa casa de locos, y abocado al alcoholismo, interpretado por Kris Marshall.

Una película llena de buen humor, a veces muy negro y otras muy ágil, que se sitúa muy en el tono de comedias como Cuatro bodas y un funeral o Love Actually con guión. Con una ambientación lograda y marcada por el peso que puede tener sobre ella su primogenita cinta, el único problema que puede tener es que se la tache de costumbrista, de recrear algo ya más que contado, y de no atraer a un público excepto de encontrarse una típica comedia. No será así, puesto que el film no solo construye una magnifica sátira sobre la burguesía, sino que también lo hace de manera diferente con un humor para cabezas despiertas y de una sutileza que a veces puede resultar imperceptible. El juego que realiza con los espejos es encomiable, ayudando al espectador a conocer a los personajes, y a conseguir una visión diferente de las personalidades de estos.

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Una familia con clase hubiese sido la comedia de Oscar Wilde si hubiera sido director. Con diálogos repletos de significado y personajes de altas esferas, con un aroma victoriano palpable en muchas de las situaciones que plantea, además de situaciones entre personajes que rozan la estupidez, pero que están construidos y llevados de tal manera que parecen mucho más de lo que son. Comento por ejemplo la alergia a las flores de la protagonista, la fabulosa secuencia del perro o la carrera de la caza del zorro, una mezcla de humor y fluidez dignos de una gran película.

El film de Elliott pasará sin pena ni gloria por las pantallas de todo el mundo, pero si tienen la oportunidad de entrar en este mundo, háganlo, descubrirán una película verdadera, con sus enormes deficiencias, como todas por supuesto, pero sobre todo disfrutarán de unos momentos graciosos y de unas situaciones enormemente estudiadas y planteadas en la escena. Descubrirán una magnífica dirección de fotografía, unas buenas actuaciones y sobre todo una película que sin querer les hará disfrutar de un buen rato de cine, que para lo que hay en cartelera, disfrutar no es tan fácil como parece.

Imágenes l image.net

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