7 junio 2016 Aventura, Críticas, Fantasía

Warcraft el origen Durotan Garona

El pacífico Azeroth se ve sacudido por saqueos de una horda de orcos llegados de otro mundo. Ante la negativa de otras razas y reinos, los humanos de Ventormenta deberán enfrentar solos la amenaza. Una de las sagas más reputadas de la compañía de videojuegos Blizzard Entertainment ya tiene su adaptación a la gran pantalla con Warcraft: el origen.

Basada en el primero de los juegos para ordenador de la empresa, la película nos descubre un universo de ambientación trabajada, diseño de escenarios envidiable y post-producción dura. El continente supera al contenido. Por un guión flojo y plagado de versos sueltos, por personajes pre-fabricados en el género de acción y aventura sin apenas atractivo o profundidad.

Warcraft el origen

Venden como novedosos lugares comunes; huérfanos incomprendidos, adolescentes (también) incomprendidos o padres que culpan a sus vástagos por el fallecimiento durante el parto de sus esposas (“cuánto drama”, que espetaría Anduin Lothar. “Vacío”, añadiríamos nosotros). Huyan de absurdas comparaciones con la obra cumbre de Peter Jackson El señor de los anillos, la trilogía El hobbit resulta rival suficiente para Warcraft: el origen.

El común de los mortales encontrará en la obra de Duncan Jones una aventura fantástica pasable y suficiente, lo que cabe esperar sin apostarnos en exigencias. Los amantes de la saga de Blizzard la odiarán o la soportarán; la odiarán por su falta de enjundia narrativa, de aprovechamiento de una historia y un mundo ricos en detalles, por transformar en efectista entretenimiento comercial y fácilmente sustituible una de los mejores títulos de videojuegos de todos los tiempos. Al resto no les disgustará demasiado porque… ¡es Warcraft en peli! Pero casi nadie la amará.

Warcraft el origen

El ritmo de la película se desenvuelve con mayor consistencia que su trama, sin que ninguno de las dos brille en momento alguno. Planos muy vistosos cuando se abren y diálogos como diseñados a la prisa cierran el conjunto. La acción guerrera de espada humana contra maza/hacha orca se resiste a enamorar. No ha cundido ejemplo Kingsman, la industria teme innovar en la narración audiovisual de violencia desatada. Se agradecería el intento.

La interacción entre personajes falla por previsible en su capacidad para hacernos empatizar. Dominic Cooper no termina de creer que gobierna Ventormenta, Travis Fimmel se erige en héroe chulesco norteamericano, lo que le aleja de la épica necesaria para el encargo cinematográfico. Más cerca de Bruce Willis que de Viggo Mortensen (perdón). Ben Schnetzer interpreta con soltura a un inexperto e indeciso aprendiz, si bien el propio personaje le lastra. Desaparecido Ben Foster, no adivinamos dónde terminan Toby Kebbell, Rob Kazinsky y Paula Patton y dónde comienza la post-producción. Por fortuna: esto es un halago.

Warcraft el origen

El resultado modesto de Warcraft: el origen supone una promesa, la de películas por venir -la trama queda abierta para continuaciones-. Azeroth permanece insegura pero a salvo en las manos de Duncan Jones, pero Blizzard, Universal y Legendary deben revisar la mina que se traen entre manos y apuntar mucho más alto en cuestiones de guión y calidad cinematográfica; por encima de las nubes, donde descansa la brillante ciudad flotante de Dalaran. Existe materia prima con que trabajar.

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