16 febrero 2016 Animación, Aventura, Comedia, Críticas, Fantasía

Zootrópolis

Una pequeña conejita sueña con ser policía en Zootrópolis, ciudad en que los animales viven en paz y armonía. Ya no existen presas y depredadores, sólo funcionarios, boutiques y atascos. Judy Hopps, primera coneja en el cuerpo policial, se enfrentará a la burla e incomprensión, al menosprecio y a un astuto zorro delincuente para resolver un caso y demostrar que con esfuerzo todos podemos llegar a ser aquello que nos propongamos.

La apuesta animada de Disney con Byron Howard y Rich Moore Zootrópolis cuenta con un inicio rápido e incluso simplón. No promete demasiado de primeras, pero mejora con los minutos. Por regla los gags humorísticos resultan mejorables, no se saca el partido suficiente a una ciudad plagada de animales que se comportan como personas. Las escenas contextuales podrían mostrarse más hilarantes y sorprendentes con algo más de ingenio y dedicación.

Zootrópolis

Vemos excepciones, por supuesto. Las desternillantes escenas protagonizadas por perezosos suponen un ejemplo. Flash es un crack. La construcción de personajes resulta agradable. El zorro Nick cae bien desde los primeros instantes pese a su mala baba y su picardía. La valiente conejita Judy se desvela animosa y muy ‘cuqui’ -en palabras de Nick el zorro-, estupendo principal para una película infantil. De orejas y ojos expresivos, todos queremos una taza con su rostro.

Disney incurre en una película con transfondo policial -un caso, un investigador que no se rinde y que llevará hasta las últimas consecuencias su determinación- bajo la apariencia de una animación cuidada al detalle, impregnada de la calidad visual de la casa. Pixar no está, pero en pocos momentos la echamos de menos debido a la originalidad de la propuesta. Eso sí, la trama cae en lugares comunes en ocasiones.

Zootrópolis

Un indudable atractivo de la cinta para el público adulto estriba en su tratamiento velado de cuestiones de índole social y política. La recreación de una sociedad imaginaria en que persisten rasgos diferenciales patentes -en la misma calle caminan rinocerontes, hámsters y lobos- pese a la normalización jurídica de la vida en común permite a Disney lanzar reflexiones sobre el mundo en que vivimos, nos relacionamos e interpretamos la realidad.

No resulta descabellado pensar en alusiones tapadas al movimiento feminista o en un alegato contra el racismo y la xenofobia, contra los tópicos y a favor de la aceptación del diferente ante los problemas de Judy Hopps: en un cuerpo policial dominados por fuertes rinocerontes y elefantes, nadie da un duro por la pequeña y enclenque coneja. ‘Has nacido así, tu lugar en la sociedad es otro’, dicen los personajes con cada mirada de soslayo. “Vuelve a Madrigueras a plantar zanahorias”, le llega a espetar el zorro.

Zootrópolis

Lejos de la complacencia de cartón de cintas como la prescindible Brave, Zootrópolis insta a la conclusión propia. Y más importante: el adulto atento encontrará un dilema de envergadura pasada la mitad de la película, cuando el trasfondo se torna interesante.

La reflexión en los últimos minutos gira en torno al tratamiento mediático de informaciones delicadas, sobre la necesidad y los límites de los secretos de Estado (transparencia contra seguridad). Pero más importante todavía: Disney propone un escenario en que la generalización, los prejuicios populares y la demonización y deshumanización del contrario o del diferente, sumado a climas de opinión pública sostenidos en infundios llevan a consecuencias negativas para la convivencia y para la sociedad en su conjunto.

Zootrópolis

No se alarmen. Esta interpretación de fondo no será obvia para los pequeños de la casa. Tampoco para muchos padres. Me pareció importante pese a los subyacente del asunto, por lo arriesgado de ir un poco más allá en los postulados de una película de animación y salir no solo airoso, sino triunfante. Enhorabuena, Disney. Zootrópolis encantará a los chavales y los entretendrá durante hora y media. Los adultos la aprobarán y disfrutarán. Acudan a su sala de cine. No se arrepentirán.

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