Cannes 2012, entre el cine puro y el glamour

Cannes 2012, entre el cine puro y el glamour

Escrito por: Javier Vayá Albert    17 mayo 2012     Comentario     2 minutos

A pesar de su glamuroso envoltorio, Cannes es una cita ineludible para el amante del buen cine.

Un año más comienza el festival de cine de Cannes, el mejor festival del mundo para muchos, una excusa para hacer alarde del lujo y el glamour bastante censurable en los tiempos que corren para otros. Lo cierto es que lo que nos llega de este festival a los ciudadanos de a pie es bastante contradictorio o ambiguo. Por un lado es innegable que los focos de atención mediáticos suelen estar enfocados hacia las estrellas que acuden al festival, los vestidos de ellas o los yates y los cochazos de gente que muchas veces poco o nada tienen que ver con el cine y que simplemente acude para dejarse ver.

Sin embargo los aficionados al cine estamos atentos a la inmensa cantidad de títulos que allí se proyectan en cada una de las diferentes secciones. Nombres ilustres y cine de autor de distintas nacionalidades se dan la mano, algunos de ellos serán las grandes películas de la temporada, otros, pese a la buena acogida de la crítica, jamás llegarán a estrenarse en nuestros cines o se convertirán en esa película extraña de un director desconocido iraní que tienes que ver si quieres que tus amigos sigan pensando que sabes algo de esto.

Este año, en su edición número 65, Cannes tiene grandes ausencias, Quentin Tarantino, Martin Scorsese, Woody Allen o Clint Eastwood no presentan ninguna obra ni tan siquiera fuera de la competición oficial. Tampoco hay nombres españoles como el año pasado con La piel que habito y Midnight in Paris, pero por supuesto hay películas muy esperadas como Moonrise Kingdom de Wes Anderson, Cosmopolis de David Cronenberg o The Paperboy de Lee Daniels entre muchas otras.

Directores tan veteranos como brillantes presentan también película, Alain Resnais con noventa años y Bernardo Bertolucci tras nueve años sin rodar y con una producción en 3D, como el Drácula de Dario Argento, son platos exquisitos para el buen gourmet cinematográfico. Otros nombres clásicos y normalmente presentes en el festival como Faith Akin, Abbas Kiarostami o Michael Haneke no se perderán la cita.

Con todos estos nombres y muchos más que me dejo por no alargarme demasiado, parece claro que en Cannes se respira cine en estado puro, a pesar de su caro envoltorio de glamour y superficialidad. Tal vez esta dicotomía no sólo forme parte del encanto del festival, sino que también sirva para retroalimentarse. Conseguir que durante unos días el punto de atención mediático esté fijado en Cannes, aunque en su mayoría sea más por quien se pasea por La Croissette, es una excelente manera de evitar la crisis, mientras dentro, en las salas, se proyecta cine, en su mayoría del bueno.

Vía | El País


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