El cine de nuestras vidas (II): Ciudadano Kane

El cine de nuestras vidas (II): Ciudadano Kane

Escrito por: Javier Vayá Albert    30 abril 2012     2 Comentarios     3 minutos

Sentando las bases del cine moderno.

Ciudadano Kane es una obra maestra indiscutible, pero quizá sea incluso algo más que eso. Es una película innovadora que sentó las bases del cine moderno enseñándole el camino a posteriores directores, es una obra extraña y genial por tratarse de una ópera prima y es también una película maldita por ser la primera y la última en la que Orson Welles pudo rodar con absoluta libertad.

Orson Welles rodó con tan solo veinticinco años esta maravillosa historia sobre el poder, la ambición y la nostalgia y desde luego que no eligió la manera más fácil ni el tema más inocuo. Todo en Ciudadano Kane es un alarde de genialidad, de ganas de romper con lo establecido tanto en lo visual como en lo argumental que aquí van intrínsecamente de la mano. Welles revoluciona literalmente la manera de hacer cine utilizando la profundidad de campo, los juegos de luces y sombras, picados y contrapicados o los encuadres imposibles. De hecho es la primera película en la que se ven los techos de las habitaciones sin que exista un motivo aparente.

Con todo ello consigue crear una atmósfera irreal o ambigua que contribuye a la trama ya que jamás sabemos si lo que ocurre en pantalla es real o fruto de la imaginación o tergiversación de las personas que narran la historia. Recordemos que dicha historia es la reconstrucción de la vida de un fallecido magnate de la prensa que realiza un periodista por medio de entrevistas a sus allegados. Como en la vida real, lo que estos personajes cuentan es en muchos casos contradictorio, Welles utiliza también de forma inusual el flashback para rellenar huecos de la historia.

Por lo tanto Orson Welles rompe también con todo lo que se había hecho hasta la fecha en cuestión de estructura de guión, con innumerables saltos en el tiempo, la forma de narrar la historia en segmentos o de mostrarnos la verdad sobre un hecho que anteriormente se había contado de otra forma. Sin embargo Welles consigue con maestría encajar las piezas de un puzzle perfecto sin que el espectador se pierda en la trama, más bien todo lo contrario ya que Ciudadano Kane es una película, con todo, muy fácil de visualizar y por momentos hasta divertida.

Lo mejor de Ciudadano Kane es que todo tiene un porqué, no se trata de alardes técnicos de cara a la galería sino que enfatizan o dan matices a la acción, como los famosos techos que parecen oprimir a los habitantes de la mansión en la que viven Kane y su mujer. La película es una crítica encubierta y no tan encubierta al magnate William Randolph Hearts todopoderoso cacique de la época que manejaba la prensa a su antojo y que se ocupó de vengarse de la humillación obstaculizando la carrera de Orson Welles.

Hay quien dice que Welles no inventó realmente nada, solo se dejó influenciar por los avances de el expresionismo alemán, el caso es que no importa, nadie hasta entonces había realizado algo como Ciudadano Kane, y aunque la película no obtuvo el éxito de taquilla que se esperaba, la crítica mundial se rindió incondicionalmente ante la que para muchos es la mejor película de la historia del cine. Este escaso éxito comercial así como las presiones de Hearts coartaron la libertad creativa de Welles, quien a pesar de dejarnos alguna que otra obra maravillosa como La dama de Shanghai o Campanadas a medianoche jamás volvería a rodar algo tan grande.


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